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Patricio Miguel Trujillo Ortega


29 de dezembro de 2012

Il portiere di notte - El portero de la noche



Il portiere di notte – El portero de la noche, Italia, Drama Psicológico, 1974, 118 minutos.

Con: Charlotte Rampling, Dirk Bogarde.

Dirección: Liliana Cavani.

Si hay una película polémica, controvertida, incomprendida por unos y malinterpretada por otros, esta es El portero de la noche, una de las obras más importantes del primer lustro de los setenta.

Esta obra cumbre del cine italiano ha sido constantemente relegada al olvido porque huye de los estereotipos al que el propio cine nos ha sometido con tantas historias repetitivas, basadas en hechos de la segunda guerra mundial, con fines económicos.

Parece contradictorio cuando afirmamos que la película fue rechazada por muchos sectores justamente porque huye de los estereotipos; es que la gran mayoría de las películas sobre la segunda guerra mundial, simplemente porque no nos atrevemos a afirmar categóricamente que “todas” son así, cuentan la historia desde el punto de vista del “ganador” y el público se ha acostumbrado a ver esas historias, cada una más dramática y lacrimógena que otra, de las víctimas del conflicto bélico.
El portero de la noche. Max.
Sin embargo, El portero de la noche rompe ese tema tan trillado del cine y nos ofrece una historia que nos choca, no porque sea absurda, sino porque nos resulta difícil entender cómo una persona puede autosometerse a la autodestrucción en lugar de encontrar un sentido más profundo para su vida.

Personajes de amor, odio, locura y destrucción.

El portero de la noche cuenta una historia que sucede en Viena en 1957. En esta ciudad, en un hotel, se reencuentran casualmente, trece años después, dos personajes que reanudan una relación enfermiza, irracional y destructiva. Son dos personas que no consiguen superar sus traumas infernales vividos en la segunda guerra mundial, uno como cruel y sádico torturador y otro, como víctima pasiva, impotente y sumisa.

El portero de la noche: el hotel
La película empieza presentándonos a Max, el portero nocturno de un hotel lujoso de Viena. Las primeras escenas muestran su temperamento y la rutina a la que está sometido. Se percibe que es una persona agresiva, dura, fría y violenta. Eso se ve en la forma en que trata a diferentes personas del hotel, principalmente en la habitación de una señora anciana con quien tiene una amistad basada en el pasado común que tienen. La trata con frialdad, con violencia, pero al mismo tiempo cumple con todas sus obligaciones. También se ve esta actitud cuando va a despertar a un empleado que tiene que ir a atender a una clienta. Entra a su habitación, lo despierta con fuerza y le arroja las cosas con violencia.

El otro personaje es Lucía, una mujer joven, guapa, que llega a hotel para hospedarse junto con su marido, un famoso director, estadounidense, de orquesta que está de gira por Europa.
El portero de la noche: Lucía reconoce a Max
En la recepción del hotel, cuando Max y Lucía se ven, ambos se reconocen y se sienten perturbados al encontrarse tan repentinamente. A partir de ahí la rutina de ambos se ve alterada por una serie de breves escenas retrospectivas en las que el espectador descubre la identidad de ambos personajes.

Lucía sufre en el hotel con los recuerdos
Max es un antiguo oficial de las SS nazi que esconde su pasado en el trabajo silencioso y anónimo como portero nocturno del hotel. Y Lucía es una ex prisionera de los campos de concentración hitlerianos. Por medio de estas escenas retrospectivas, se revela que Max fue el torturador sádico de Lucía, a quien no solo le sometió a las más diversas crueldades, sino que la convirtió en su amante con humillaciones, violencia y tortura, tanto física como psicológica.

La primera impresión que se tiene al descubrir la identidad de los dos personajes, es que Lucía aún no ha superado sus traumas del pasado y que sufre de angustia, en silencio, al saber que está en el mismo hotel donde trabaja Max, su antiguo torturador. Inclusive, ella intenta convencerle a su esposo de que abandonen el hotel y se desespera cuando el portero acude a su habitación llevando un pedido hecho por su esposo.

El portero de la noche:Max y sus compañeros nazis
Se comprende este sentimiento por las diferentes escenas del pasado que muestran cómo Max empezó a dominar y a torturar a Lucía. En una de estas escenas, se le ve a Lucía desnuda en un baño y a Max en la puerta del baño apuntándola con un revólver y disparándole, pero sin herirla, pues las balas alcanzan los azulejos y las ventanas. Para Max, lo importante es aterrorizar a Lucía, quien acaba encogiéndose de miedo frente a la crueldad fría del oficial.
El portero de la noche: Max torturaba a Lucía
El encuentro y los misterios de la mente humana.

Por todo esto, se entiende que tanto Max como Lucía eviten encontrarse en el hotel, pues ambos tienen miedo de estar frente a frente; sin embargo, Max le sigue los pasos a Lucía. Hay un interés mezquino por parte de él pues está preocupado por lo que pueda suceder si Lucía habla con alguien sobre el pasado de él. Esta persecución de Max es silenciosa, pero fuertemente impactante en las emociones de Lucía. La mejor escena que reproduce este conflicto es cuando Max también va al teatro donde Lucía está presenciando una ópera. Max se sienta unas tres filas atrás de la que está Lucía y durante la mayor parte de la función, él permanece mirándola fijamente, haciendo que ella se sienta tan mal con la situación que acaba recordando una escena de su pasado.
 
El portero de la noche: Lucía y Max en la ópera
Mientras escuchamos la ópera, Cavani crea una escena, cinematográficamente hablando, magnífica, pero de una realidad espantosa. Los movimientos de la cámara son lentos, tan lentos que ayudan a comprender cómo, no solo Lucía sino otros prisioneros fueron torturados. Se ve primero a un grupo de prisioneros, hombres y mujeres, que están amontonados, en silencio, asustados, en el fondo de una habitación. La cámara se mueve hacia la izquierda y muestra a un soldado nazi (se lo identifica por las botas que usa y porque su uniforme está tirado en otra cama) que está teniendo relaciones sexuales anales en una cama con un prisionera que se masturba durante el acto. La escena de sexo no es explícita, pero es lo suficientemente clara para chocar a un “espectador conservador”. Ese instante entra Max a la habitación, camina con indiferencia en relación al soldado nazi y a los prisioneros-espectadores que están asustados, se acerca a la cama donde está Lucía, la levanta y se la lleva. Como en todas las escenas del pasado, ella aparece siempre en silencio, asustada, dominada, aceptando pasivamente las relaciones sadomasoquista a las que le somete Max.

El portero de la noche: el bailarín
Durante la escena solo se escucha la ópera que Lucía está presencia en el teatro. Es un paralelismo el que crea la directora al colocar a Lucía como doble espectadora.

¡Es lógico imaginarnos cómo esta escena “incomodó” en la época de su estreno! Y antes de que se haga una crítica superficial, hay que entender que Liliana Cavani utiliza cada una de sus escenas con un propósito, y no es precisamente el de “chocar” al espectador. Con esta escena, como con otras de las que hablaremos más adelante, ella le prepara al espectador para el desenlace de la historia, para que seamos capaces de tratar de entender por qué Max y Lucía llegan a la autodestrucción total; algo que, en un primer momento parece inaceptable.

Son los difíciles caminos por los que se mete la mente humana.
Lucía sufre con los recuerdos
Durante los primeros cincuenta minutos, El portero de la noche se ha limitado a presentar a los dos personajes principales y los conflictos que les rodean gracias a ese encuentro tan inesperado. En este tiempo, ni Lucía ni Max han intercambiado una sola palabra y es ahí que nos sorprendemos porque sucede algo que, racionalmente, no lo entendemos.

Un día, cuando Lucía está sola en el hotel, Max entra a la habitación de ella, se lanza sobre ella, la golpea, la arroja al suelo, la domina con violencia para luego besarla y declararle su amor. Un amor que es correspondido desenfrenadamente por parte de Lucía.

Lucía y Max se "entregan" a su amor
A partir de ese momento, Lucía, aunque aún teme, se entrega abiertamente al “amor” apasionado, desesperado y posesivo de Max. Ella se olvida de sí misma y de todos los sufrimientos depravados a los que fue sometida. Pero es un amor en el que ella continúa siendo “la víctima” de las torturas a las que fue sometida en el campo de concentración. Es un amor pasivo en el que prevalece la fuerza y la violencia de Max.

Como es de suponerse, esta relación de odio y de deseo entre un torturador nazi y una joven judía provocó el espanto del espectador de los años setenta. El portero de la noche no se preocupa en hacer el típico discurso político-ideológico contra el nazismo y a favor de los judíos. La película simplemente ignora ese tema, como ya hemos dicho anteriormente, tan trillado en el cine, y se preocupa por mostrar una relación conflictiva y dañina de dos personajes impotentes donde prevalece la culpa, tanto del torturador como de la víctima que quieren redimirse frente a ellos mismos.

La autodestrucción.

Mientras Max y Lucía viven su amor oscuro, se dan dos hechos en la película que marcan el destino de los personajes y que escandalizaron, una vez más, en la época. En primer lugar, Lucía, en lugar de continuar el viaje con su esposo a Frankfurt, decide quedarse en Viena y le miente a su marido diciéndole que va a hacer compras en la capital del país. Lo que en verdad hace es ir a vivir en el departamento de Max, aceptando, de esta forma, someterse, voluntariamente, a las torturas del antiguo oficial de las SS. Tanto Max como Lucía han perdido el sentido de la realidad y tratan de convencerse de que ellos se aman.

Lucía va al departamento de Max a vivir con él
El segundo hecho es que Max tiene un grupo de amigos que son ex oficiales nazis de la SS. Dos de estas personas viven incuso en el hotel: un bailarín que, a través de las escenas retrospectivas, encantaba a los oficiales nazis con sus presentaciones artísticas y que ahora sueña en volver a presentarse. El bailarín tiene un amor escondido por Max y siempre que puede le hace presentaciones personales como parte de su entrenamiento para volver a la carrera artística. Algo que realmente nunca sucederá, porque en verdad esa fantasía no es más que un pretexto para no separarse de su amor imposible.

Max, el bailarín y otros compañeros, liderados por Klaus, se reúnen escondidos en un salón del hotel para elaborar estrategias para protegerse de los juicios a los que estaban siendo sometidos los ex oficiales nazis. Max, en un primer momento se siente tranquilo y cree que no le va a pasar nada; sin embargo, les llega la noticia de que Mario, un antiguo compañero de ellos, había reconocido a una mujer estadounidense que había llegado a Viena y que podría identificarlos como nazis y torturadores; por tanto, necesitan encontrarla antes de que sea demasiado tarde para ellos. Como es lógico, esa mujer es Lucía y Max decide defenderla porque está convencido de que la ama y de que debe protegerla.

Es entonces cuando Max llega al extremo de su relación con Lucía. Una relación tormentosa, en la que el placer y el dolor se mezclan a cada instante. Él está convencido de que ama a Lucía y no quiere perderla. Al mismo tiempo, Lucía abandona su libertad, su poder de decisión y les entrega estas a Max. Hay dos escenas que muestran esta relación chueca y enfermiza de los dos amantes.

Max encadena a Lucía
Una escena dura, como muchas de la película, se da cuando Max le encadena a Lucía para que no pueda salir del departamento, caso llegue alguno de sus compañeros nazis e intente sacarla a la fuerza. Es una cadena larga que le permite moverse por todo el departamento, pero le impide salir. Ella acepta el ser encadenada sin ningún problema.

La otra escena muestra cómo la relación de ambos personajes está poseída por un deseo oculto de herirse, escondido bajo las palabras de amor. Max y Lucía están jugando alegremente en la habitación, y ella se empuja a Max y corre a esconderse en el baño. Cierra la puerta con llaves, coge un frasco y lo rompe en el suelo, en la entrada del baño. Entonces ella abre la puerta y Max entra sin ver el frasco roto y se clava los vidrios en el pie. Él aguanta el dolor y Lucía lo contempla con satisfacción. Es el juego de la autodestrucción que va por caminos, racionalmente, incomprensibles.
Lucía disfruta al romper el frasco en el baño
A pesar de todos los cuidados que tiene Max para proteger a Lucía – o para protegerse a sí mismo- sus compañeros empiezan a cercarlo y exigen que Max haga lo que ellos esperan que haga: eliminar a Lucía, la única testigo viva que puede perjudicarlos. Al sentir esta presión, Max renuncia a su trabajo y compra muchos alimentos para no tener que salir nunca de su departamento, pues su objetivo es encerrarse ahí y pasar todo el tiempo con ella. No obstante, el plan empieza a fallar cuando sus compañeros nazis impiden que les entreguen los alimentos en su departamento, tal como él le pidió al dueño de una tienda que hiciera con cierta frecuencia de tiempo.
El portero de la noche: Lucía pierde el sentido de la vida
Este es el momento crucial de la película, al mismo tiempo que el más duro y amargo. Durante unos veinte minutos densos, el espectador es testigo de la destrucción total de Lucía y Max. Ellos permanecen en el departamento solos, con miedo de salir, desesperados porque saben que sus enemigos están afuera, acechándolos, listos para eliminarlos ya que Max se negó a entregarles a Lucía. La comida se les acaba y como no llegan las nuevas provisiones, ellos pasan hambre. Esos minutos son fuertes y la directora muestra con detalles cómo ambos personajes pierden por completo su dignidad humana. Son momento agotadores en los que prevalecen los primeros planos, así como en casi toda la película el primer plano es el preferido por la directora, tal vez como una forma de documentar las fuertes emociones en las que Max y Lucía están atrapados e incapacitados de salir.

Al final, ambos saldrán del departamento en un gesto desesperado por sobrevivir y morirán como animales, aniquilados sin pena ni gloria.
Max y Lucía morirán como animales
La incompetencia de las distribuidoras al clasificar la película como “erótica”.

El portero de la noche es indudablemente una película fuerte y no fue bien recibida por la crítica y el público porque el espectador se siente incomodado. Cavani sabía lo que estaba haciendo: mostrando los difíciles caminos por lo que va la mente humana y tratando un tema de forma profunda, con una calidad cinematográfica de primera. Las escenas están bien construidas, los diálogos fluyen con naturalidad; los actores son buenos y desempeñan su papel a la perfección; sin embargo, la crítica trató y, lo consiguió, vender la idea que era una película de “exploration”, género que estuvo en boga en la década de su estreno en los que hay guardias en campos de prisioneros o prisiones y comenten sus crímenes con mucha violencia y sexo –no explícito- pero sí con sadismo, con el objetivo de destruir la dignidad humana.

No obstante, El portero de la noche nunca fue “exploration”, así como tampoco película “tipo B” y, peor aún, erótica, como algunas distribuidoras intentan aún “venderla”.

El portero de la noche: la escena del canto de Lucía
La película no tiene nada de erotismo y se aprovechan de una escena para tratar de venderla de esta forma. En los momentos de retrospectiva, Max le cuenta a una mujer en el hotel, una mujer que así como él esconde su pasado nazi, que su amor por Lucía fue bíblico. En esta escena aparece Lucía usando solamente una gorra militar, guantes negros que le llegan más arriba de los codos; el busto está desnudo y usa un pantalón flojo con tirantes. Ella está en un salón donde hay una orquesta de los propios oficiales. Uno de los música usa incluso una máscara inexpresiva. El ambiente no es de alegría. Hay un aire de decadencia y de angustia. En este local, Lucía canta una canción con movimientos lentos y provocadores para algunos oficiales. Otros la ven asustados. A pesar de que Lucía muestre los senos, la escena no es erótica, a no ser que quien la vea disfrute del sufrimiento perverso impuesto a otras personas.

El portero de la noche: sufrimiento perverso
El portero de la noche no es una película erótica
Es una situación más de las tantas a la que Lucía fue sometida, con masoquismo, para humillarla y torturarla y, más aún, cuando el final de la escena sorprende por la crueldad sanguinaria –nada explícita en la película.

Esta escena fue considera escandalosa en la época del estreno de la película, así como muchas otras películas “escandalosas” de los años setenta, pero no por ella se la puede clasificar de película erótica pues esta no es más que un retrato de la perturbación psicológica de dos personajes perdidos en sus propios demonios.

Lamentablemente, esta escena es la más difundida por los diferentes medios y, al verla aislada, fuera del contexto, pierde todo el sentido que Cavani le dio.

Últimas palabras.

Para finalizar, podemos decir que El Portero de la Noche es una película que injustamente fue relegada al olvido y al desprecio por un “sector” de la sociedad cinematográfica que no estaba preparado para ver una historia con personajes reales, en un ambiente real, lejos de la forma simplista con que se ha tratado el tema de la segunda guerra mundial.

Es una película que muestra la fragilidad del ser humano, no en el campo de batalla ni en el de concentración, sino en lo más profundo de su ser.

¿Cómo se explica, entonces, que Lucía, que aparentemente había superado los traumas de la guerra y había construida una nueva vida, abandonara todo para entregarse con satisfacción y autodestrucción a las manos de su antiguo verdugo? ¿Hasta qué punto un ser humano puede ser reducido a un mero cuerpo? No importa si es nazi, si es judío o de cualquier otra ideología o raza. El abuso de quien tiene el poder sobre sus víctimas no tienen banderas. Y esto Cavani lo percibió y, esto mismo, es lo que les incomodó a todos aquellos que prefieren reducir las películas de la segunda guerra mundial a un enfrentamiento entre nazis contra judíos.

Texto original de Patricio Miguel Trujillo Ortega.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del texto sin la autorización escrita del autor.

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