O filme que assistimos...

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Patricio Miguel Trujillo Ortega


29 de agosto de 2012

Hoax for the Holidays


Hoax for the Holidays, Drama, 94 minutos, 2010, Canadá.

Con: Callum Keith Renne, Martha MacIsaac, Ricky Mabe.

Dirección: George Mihalka.

Hoax for the Holidays es una película canadiense que, en parte, puede ser resumida en la frase final de un personaje secundario que dice: “cada uno ve lo que quiere ver”.
  
Pero el problema es que cuando todos ven la misma cosa de forma diferente, por intereses egoístas, se los manipula para que vean como uno quiere que los otros vean las cosas.

Hoax for the Holidays es una producción profunda realizada de una forma sencilla, pero muy bien hecha, con una bella fotografía; la película no tiene miedo de tocar la herida en un tema delicado: la manipulación religiosa con fines estrictamente económicos. No obstante, no es solo eso: es también la historia de una joven y el terrible dilema de encontrarse consigo misma.

En pocas palabras, de una forma muy superficial, la película se resume contando que Casey McMullen es una joven que se declara atea y que en un acto de rabia lanza un café contra la pared de la cafetería en la que trabaja y, en lugar de borrar la mancha, la altera y permite que la gente de la ciudad, manipulada por la codicia de Bob, el dueño de la cafetería, crea que es un “milagro” espiritual, pues dicen que la mancha parece el rostro de Jesucristo. Por tanto, en poquísimos días, la vida de la ciudad se altera y Casey vive uno de los tantos conflictos que le afectan en su vida: contar la verdad o también beneficiarse para resolver otros tantos problemas que tiene.
Casey, en la carretera, queriendo huir
Casey
A pesar de este resumen tan escueto, la historia no es tan sencilla, pues los personajes principales son profundos en su caracterización, coherentes con su discurso; cautivantes unos y despreciables otros.

Además hay que mencionar que la película no tiene una “moraleja” a pesar de ser una narración subjetiva, hecha en primera persona por la protagonista, quien desde el principio le condiciona al espectador al decirle que lo que va a contar “es verdad”. Por otro lado, el estilo narrativo de la película es prácticamente lineal: empieza con el último día de la historia, regresa al pasado y cuenta en secuencia los acontecimientos que nos llevan al inicio de la película, por tanto, a su desenlace.

Hoax for the Holidays transcurre en un pueblo pequeño que se llama Nately. Como dice uno de sus personajes, es un “un pueblo humilde donde el tren sigue pasando, pero ya no se detiene”. Es el mes de diciembre y las fiestas navideñas se acercan.

Casey McMullen es una joven que trabaja en el café Krowne Donuts. Ella es una muchacha alegre y malhumorada al mismo tiempo; irónica y sarcástica; dinámica, de palabra ágil y directa en su forma de hablar y de actuar. Quien conversa con ella, sabe lo que ella piensa; además, aparentemente, no le teme a nada.
"Otro día de trabajo por un salario mínimo"
Krowne Donuts y Nately
Sin embargo, como ya mencionamos anteriormente, Casey vive varios conflictos intensos. Su hermana mayor, Meg, con quien tenía una fuerte conexión, está en el hospital desde hace más de un año en estado de coma. Ella no la visita nunca, pero entiende lo que le sucede a su hermana y aunque no lo dice a nadie, la recuerda constantemente; es así que siempre que Casey está en su casa, ella mira el video que grabó justo el día del accidente fatal. Ella siente la pérdida de su hermana que, de alguna forma, era su inspiración; al mismo tiempo, comprende lo que sucede y sufre con la ausencia de su padre que está aferrado a Meg.
Kasey le recuerda permanentemente a su hermana aunque no la visita en el hospital
Por esto, Casey se ha visto en la necesidad de asumir los problemas económicos de la familia, pues su padre –se menciona que la madre murió cuando ella y su hermana eran niñas- pasa la mayor parte del tiempo en el hospital, cuidando a Meg porque sabe que los enfermeros no la atienden como deberían hacerlo; además, conversa con ella y siempre deja un grabador encendido con la esperanza de que suceda algo positivo cuando él no está. Si sucede algo, él quiere oírlo. Por este motivo, la casa está mal conservada y las deudas son tantas que es posible que pierdan todo en un embargo. Debido a que su padre no se preocupa para nada con las situaciones cotidianas de la casa, es Casey quien tiene que resolver todo.

Casey no es feliz en su trabajo. En un momento dado, ella dice “otro día de trabajo por un salario mínimo”; sin embargo, nunca falta y cumple, aunque no le agrada, las órdenes de su jefe. A pesar de eso, intenta ser alegre, pero pierde la paciencia con facilidad, se irrita y usa y abusa de la ironía. Al mismo tiempo, ella debe cuidar el negocio de su padre, que es la venta de árboles de navidad en un lote que está frente a la cafetería.

Podemos mencionar dos escenas claves para entender quién es Casey y los conflictos en los que se mete.

La primera escena es cuando está entrenando, con un muchacho de su misma escuela a quien solo lo llama de Hockey, en la caja que atiende a los clientes que llegan en auto. Con humor y bastante ironía, debido a que ella insiste en declararse atea, le enseña a desearles feliz navidad a todos los clientes, sea cual sea la creencia religiosa de ellos.
Casey lanza el café contra la pared
La segunda escena es clave ya que la película gira en torno de ésta: Casey está en el patio del café y ve a su padre en el lote de los árboles. Ella se acerca con buen humor a comprar un café haciendo ruidos con la boca como si ella fuera un carro y se acerca a la caja de los clientes que llegan en auto a la cafetería. Sin embargo, Bob, el dueño del local no acepta el chiste y, como es intransigente, le llama la atención porque solo se puede vender café en ese lugar si se está en carro. Casey se disgusta y justo ese momento pasa un niño que le lanza una bola de nieve. Ella, entonces, se irrita más aún y con rabia lanza el café contra la pared de la cafetería. Como nadie la ve, se aproxima y, al ver la mancha que ha hecho, tiene una idea, altera la imagen e ingresa al café a mostrarle a Bob lo que acaba de “descubrir”.

Bob es el dueño del café Krowne Donuts. Es un hombre de unos sesenta años que dirige su negocio con autoritarismo. Tiene una sonrisa falsa y sus empleados lo temen. No acepta sugerencias ni críticas de nadie y manipula a las personas a su antojo. Es religioso, fundamentalista, e impone su voluntad a todos, inclusive al sacerdote responsable de la parroquia a la que él frecuenta. Bob es la persona con más poder en Nately.
El padre Donald percibe que el milagro es una farsa
Hay varias escenas que muestran el poder y el autoritarismo de Bob en la ciudad, y aunque aparecen en diferentes momentos de la película, las podemos mencionar una atrás de otra para entender el conflicto central de Hoax for the Holidays.

La primea escena sucede en la iglesia. Hay nuevo sacerdote, Donald, que durante el sermón hace un chiste sobre la necesidad de “reciclar” la religión. A Bob y a los demás feligreses no les agrada las palabras del cura y, sin ninguna intimidación, Bob, desde el lugar donde está sentado, se da la vuelta y le hace señas al organista de la iglesia para que empiece a tocar el instrumento; de esta manera, le manda a callar al padre y lo censura. Más adelante, le recomendará al padre, inclusive, de que debe cortarse el cabello.

Sin embargo, el mejor empelo del autoritarismo de Bob es cuando le dice a Casey que ella es una buena chica, pero que “Job era un buen hombre y aprendió que no debía cuestionar la autoridad”. Claramente vemos en el personaje la representación de aquellos que creen tener el poder “divino”: decir lo que la gente debe hacer, pensar o sentir. Un fundamentalismo religioso que puede llegar a las últimas consecuencias y que empieza, aunque no lo parezca, con las actitudes más sencillas, como por ejemplo, mandarle a Casey a barrer el patio como castigo porque lo contradice, más aún porque él sabe que ella depende de las propinas que gana dentro del café, al atender a los clientes; esas propinas son fundamentales porque con ellas Casey puede pagar las cuentas atrasadas que se han acumulado en su casa gracias a la negligencia de su padre. Al estar en el patio, ella no gana ninguna propina.

El milagro de Casey versus el milagro de Bob.-

Casey es la única que, de alguna forma, se atreve a enfrentarse a Bob y, aunque él no lo menciona nunca, lo sabe; por eso, es a ella quien más trata de manipularla; cuanto más lo intenta, ella más se lo resiste, manteniéndose firme en sus convicciones.

Cuando Casey le muestra a Bob la mancha en su restaurante, este “decreta” inmediatamente el “milagro” religioso que el pueblo necesita: la mancha representa la imagen de Jesucristo y convence a todos que eso es una “manifestación divina” para "realzar la fe”.

Sin embargo, lo que más resalta con el milagro es el éxito económico del café de Bob, por lo que en algún momento el padre Donald dice: “Tampoco creo en el manto de Turín que es del siglo XIV y que aún genera muchas ganancias. A Bob también le mejoró el negocio”. LaCasey afirma después: “antes éramos un pueblo fantasma. Ahora nos convertimos en un circo cristiano”.
La gente se amontona y cree ciegamente en el "milagro": "el circo cristiano"
Bob, al contrario de Casey y Donald, piensa que con la imagen “ha recibido un capital espiritual”.Y todo lo que sucede en el café a partir de ese momento, representa ese “capital espiritual”.

Las personas de la ciudad van al café; luego llega gente de otros lugares. En poquísimos días, hay una multitud que va a ver la imagen de la pared. La gente se arrodilla, reza; se quedan extasiados con el fenómeno y anuncian “milagros”. Las “curas” aparecen por todo lado. Y como no se hace esperar, los negocios en torno al “milagro” se multiplican para el principal beneficiario: Bob, quien hace de todo para ganar mucho más de lo que está ganando; gracias a su autoritarismo y a su manera de ser, hace que todos trabajen para él. Inclusive cuando el padre Donald no acepta sus ideas, consigue que lo despidan del trabajo y que la misa del 25 de diciembre se realice en su café, frente a la imagen de la pared con la presencia del obispo.

Bob representa al “capitalismo salvaje” que no importan los principios, la ética, los valores ni el respeto a las personas, pues solo piensa en ganar mucho dinero. Hay una escena clara en este sentido:

Un día, mucho antes de la hora de cerrar, el Café se queda sin provisiones. Se ha vendido todo. No sobra nada. Bob está felicísimo por tanto dinero que está ganando. Entonces él les pide a los clientes que se vayan y que regresen al día siguiente. Cuando en el local solo sobran él y sus empleados, uno de estos le pregunta que si los clientes aún pueden usar los baños. Bob, sin ningún escrúpulo, lanza su sentencia: “Si no compran, no pueden usar los baños”.

Su ambición es tanta que, cuando se siente criticado por Casey, tiene la necesidad de castigarla haciéndola que trabaje en la parte externa del café, muchas veces haciéndola barrer el patio. Lo peor de todo, es que él sabe que ella necesita el dinero de las propinas para pagar las deudas que tienen en su casa y, con el castigo, ella deja de ganarlas. Bob no acepta que se lo contradiga y cree en la santa punición.
Casey está feliz y entusiasmada con las propinas que gana
Mientras tanto, Casey cumple un papel ambiguo en la historia.

Por un lado, ella no acepta lo que todos llaman el “milagro”, no solo porque sabe que no se trata de un milagro, sino porque no cree en ellos y le incomoda el fanatismo de la gente; por tanto no se detiene en sus ideas ateas a pesar de que la gente le grita en la cara “pagana”, “bruja”; ella resiste con todas sus fuerzas a las ambiciones desesperadas de Bob de “convertirla” ya que él está convencido de que ella fue la primera en ver el milagro.

Casey juega con el papel de que la gente debe creer lo que quiera creer y lo que al principio fue un acto de rabia contra Bob se transforma en una necesidad de ganar dinero, pues las propinas aumentan cada día y, gracias a ellas, su situación económica mejora en algo. No obstante, ella sufre la presión del padre Donald y de su amigo Hockey para que detenga el absurdo que ella inventó; pero no lo hace, tanto porque aún quiere sacar provecho de la situación, como también porque es una forma de burlarse de la "ingenuidad" de los creyentes.

Aunque no llega al nivel descarado, autoritario y totalmente egoísta y sin escrúpulos de Bob, Casey se comporta de la misma forma que él; pero ella no tiene el poder y es vulnerable. Esa vulnerabilidad no es porque ella piense que no es “igual a los demás”, sino por el conflicto que vive con su familia: su padre, de repente, cree en el “milagro” y piensa que es la última oportunidad que tiene para salvar la vida a su hija Meg.

Solo que no hay ningún milagro. Cuando Casey ve que todo lo que ha construido está a punto de derrumbarse, debe tomar una decisión: o irse del pueblo y dejar a la gente con sus falsas creencias o acabar con toda esa farsa.
El padre de Casey ve a su hija que se aproxima al hospital a visitar a Meg
Hoax for the Holidays es crítica, dura y directa en el tema del fundamentalismo religioso económico. No hay un discurso filosófico, teológico ni social; sin embargo, al profundizar el lado humano de Casey, de su hermana y de su padre, consigue colocar el otro peso en la balanza. Porque Casey, a pesar del engaño, es honesta consigo misma, con su familia y con sus amigos; solo que está desesperada porque su familia se desintegra emocional y físicamente; su padre no comprende que Meg no tiene chances de sobrevivir y que si fuera Meg, ella optaría por morir en lugar de quedarse en la situación en que se encuentra.
El momento más duro: finalmente el papá consigue despedirse de Meg
Además, la relación que Casey establece con Hockey, a pesar de que dura poco tiempo, es profunda porque el muchacho reconoce que nadie le trata a él como ella lo hace, con respeto; puesto que él es simplemente un jugador de hockey, nadie quiere saber lo que él piensa. Sin embargo, Casey tiene la sensibilidad de percibir que su amigo es mucho más que un jugador de hockey: es una persona. Eso mismo hace que él se aleje de su amiga porque no puede aceptar que ella insista en el engaño de la imagen, y más aún porque él se sabe incapaz de detenerla.

A pesar de que la película es dinámica y que cada una de las escenas cumple con su papel, pues no hay situaciones superficiales o de relleno, vale la pena destacar dos momentos en los que Hoax for the Holidays es terriblemente cruel en su crítica. Pero una crueldad comprensible en la historia.

La primera es cuando Bob le chantajea a Casey para que ella haga un discurso con las palabras que él ha escrito y que acepte frente al pueblo el milagro. Eso es importante para él, pues demostraría la capacidad de “convertir” a la “oveja perdida” del pueblo. Pero Casey rechaza la propuesta sin ningún tipo de miedo porque le dice que él le está pidiendo que venda el alma al diablo. Ese instante aparece la imagen de un diablo en un juego de feria de pueblo que es derribado por una pelota e, inmediatamente, el cura Donald toca el órgano en la fiesta.
Casey no cae en la tentación de Bob: sus principios son más fuertes
La otra es cuando Casey revela la verdad y el obispo y Bob permiten que la multitud, decepcionada al saber que fueron engañados, le linchen a Casey. Ellos no levantan un dedo para defenderla. Una actitud medieval y típicamente inquisidora en pleno siglo veintiuno.

Sin embargo la película no tiene un final trágico, pero para saberlo hay  Y para eso hay que verla.

Para finalizar, hay que destacar los elementos visuales de Hoax for the Holidays que son bellísimos.
Imágenes generales y el frío a través de los colores
Primero, prevale el ambiente frío de la ciudad en todas las imágenes. La película es viva en colores; no obstante, hay un matiz azulado a lo largo de la producción que consigue transmitir el frío que rodea y el ambiente aislado del pueblo. De estas imágenes generales, vale destacar las que muestran la casa de Casey, oscura algunas veces e iluminada otras veces.
Casey se dirige a contar la verdad
Segundo, hay muchas imágenes con la cámara parada y distante, con tomadas generales de diversos ambientes, que ayudan a fortalecer el espíritu del pueblo donde el tren ya no se detiene.

Una imagen con un gran efecto es cuando Casey camina hacia la muchedumbre para contarles la verdad. La cámara la enfoca desde arriba, desde la cabeza; los pasos de la muchacha adquieren la fuerza que ella necesita para acabar con la farsa.

No podemos terminar sin mencionar que el espectador solo verá la imagen hecha por Casey al final de la película. El recurso de no mostrar lo que los personajes ven es eficaz porque consigue, dentro de la historia subjetiva, de que de alguma forma el público se mantenga objetivo. Tanto es así que al final, cuando uno de los empleados tiene que limpiar la mancha, éste afirma que se parece a Willie Nelson (cantante estadounidense de música country)
Hoax for the Holidays
Queremos finalizar nuestro comentario con las palabras de Casey: “crean lo que quieran creer... están tan seguros de tener todas las respuestas... No soy la chica que lo vio primero; solo soy la chica que lo hizo porque los milagros no existen”.

Hoax for the Holidays es una película que hay que verla, no solo por su excelente historia sino por la calidad de su realización con un personaje tan bello y profundo como Casey.

Texto original de Patricio Miguel Trujillo Ortega.

Prohibida su reproducción total o parcial en cualquier medio sin la autorización escrita del autor.

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