O filme que assistimos...

Você encontrará neste espaço comentários e analises de filmes de todas as épocas. Uma excelente oportunidade para aprender além do cinema.

Patricio Miguel Trujillo Ortega


20 de dezembro de 2011

Christmas in Connecticut

Christmas in Connecticut, 1945, Comedia, 101 minutos. USA.

Con Barbara Stanwyck, Dennis Morgan, Sydney Greenstreet.

Dirección: Peter Godfrey.

Christmas in Connecticut es una de aquellas famosas comedias de los años cuarenta que, a pesar del tiempo transcurrido, continúa divirtiéndonos gracias al excelente guión, a la historia muy bien narrada y, principalmente, a las actuaciones de calidad de la bellísima Barbara Stanwyck y la participación especial de S.Z. Sakall en el papel de Felix.
 
Christmas in Connecticut es una comedia que puede servir de ejemplo a las “comedias” contemporáneas que abusan de situaciones absurdas para provocar el chiste, sin darse cuenta de que solo caen en lo grotesco por las exageraciones y absurdos que se viven éstes. En Christmas in Connecticut encontramos el humor en pequeñas frases, en la sutileza de las expresiones faciales de los personajes y, claro está, en la confusión en que se meten por querer hacer las cosas de la mejor manera.
Barbara Stanwyck en el papel de Elizabeth Lane
Aunque Christmas in Connecticut no es una “comedia loca” de los años cuarenta, heredó de este género algunas situaciones que hacen que sea una película divertidísima con personajes inteligentes, graciosos y reales.

La historia de Christmas in Connecticut está enfocada en Elizabeth Lane. Ella es una escritora que tiene una columna en la revista America’s Best Cook. Su columna es tan famosa que todos piensan que lo que ella escribe es “la verdad”. La idea que transmite en sus textos es la de un ama de casa perfecta –lo que la sociedad de aquella época aspiraba en una mujer-: casada, con un hijo, que vive en una hermosa cabaña en Connecticut y que sabe cocinar perfectamente. La descripción de sus recetas y de la forma en que prepara sus platos, al mismo tiempo que cuida a su hijo y su hermosa casa, parece ser el sueño de toda mujer y futuro marido.
El paisaje que Elizabeth contempla todos los días
Elizabeth, el abrigo y Felix
Sin embargo, lo que nadie sabe es que Elizabeth –con excepción de su editor y amigo, Dudley, vive en un departamento pequeño, en la gran ciudad, y el único paisaje que contempla mientras escribe sus textos son las ventanas de los apartamentos de los vecinos; además, las recetas que ella describe con tanta perfección, son los platos que Felix, un cocinero húngaro, dueño de un restaurante y amigo de ella, le pasa todos los días, pues ella no sabe cocinar absolutamente nada. Además, el único lujo que puede darse es comprar un abrigo de visón, que lo va a pagar con su salario de seis meses.
Este es el punto de partida de Christmas in Connecticut: Elizabeth, que vive tranquilamente, sin incomodar a nadie, cumpliendo fielmente su trabajo de escritora; no obstante, cuando menos se lo imagina, debe demostrarle a su jefe que todo lo que escribe es verdad. Y, ¿por qué? Porque el dueño de la revista exige en sus editores “verdad y obediencia”.

¿Pero cómo se llega a esta situación?

Jeff es un marinero que sobrevivió dieciocho días en alta mar; en el hospital, Mary, la enfermera que lo cuida se ha enamorado y quisiera casarse con él, pero todo parece indicar que a Jeff no le atrae la idea de formar un hogar.

Jeff en el hospital y la enfermera Mary
Una enfermera, colega de Mary, le dice que si Jeff pasara la navidad en un hogar de verdad, tal vez descubriera el significado de tener un hogar y, probablemente, sería más fácil que quisiera casarse. Entonces, Mary le escribe al señor Yardley, dueño de la revista America’s Best Cook y, después de explicarle la situación, le pide que Jeff pase una temporada en el hogar de Elizabeth Lane, el ama de casa perfecta, para que descubra la importancia de tener un hogar.

Como Mary le había atendido a su nieta, a Yardley le gusta la idea y, como él pasará la navidad solo, también decide ir a la cabaña de Elizabeth para pasar la navidad con ellos.
Yardley leyendo la carta de la enfermera Mary
Esta es la primera parte de la película en la que las situaciones más graciosas son los diálogos y las artimañas que utilizan Jeff y su compañero de armas para conseguir una buena comida en el hospital, que será lo que provocará al final la confusión en la vida Elizabeth.

La segunda parte de Christmas in Connecticut nos ayuda a conocer a Elizabeth y el mundo en el que vive y la “catástrofe” en la que se mete. (Cuando su amigo Felix escucha la palabra “catástrofe” por primera vez y descubre su significado, la utilizará melodramáticamente para todas las situaciones difíciles que se presentarán más adelante).

Cuando Liz se entera que tendrá que hospedar en “su” cabaña a Jeff no sabe qué hacer, pues no tiene ni esposo ni cabaña. La única cabaña que ella conoce, y que es la que presenta como si fuera suya en los textos, es la de su amigo John. Su amigo y editor, Duddley, está desesperado porque sabe que cuando Yardley se entere que Elizabeth no es nada de lo que el público se ha imaginado, ambos perderán el trabajo.

Elizabeth decide entonces conversar con Yardley y explicarle que no le puede recibir a Jeff en su cabaña. Yardley es un hombre mayor, dominante y enérgico, y siempre le interrumpe cuando ella quiere explicarle algo. Liz se desespera por salir de la situación, pero no consigue y cada palabra que ella utiliza, su jefe la transforma en una especie de “sentencia” de la que ella no puede escapar. El diálogo es dinámico y el humor está principalmente en cómo reacciona Elizabeth. La expresividad de su rostro es sorprendente. Y esta expresividad es la característica de la actriz en la película.
Elizabeth en la casa de Yardley
Mas, Elizabeth, la “buena esposa y ama de casa”, como le llama Yardely, encuentra la solución a su problema de una manera que ni ella misma hubiera querido encontrarla.

Elizabeth, el juz, John y Felix
John, un amigo de ella, es arquitecto y, como está enamorado de ella, está dispuesto a hacer todo por Liz. Incluso, ya le ha pedido en casamiento muchas veces. Al enterarse de la situación de Elizabeth, le vuelve a pedir una vez más. Elizabeth, que no lo ama y que ya no puede pensar en otra excusa para no casarse con él, acepta su propuesta de casamiento y, de esta forma, se encuentra la solución  a su problema: Liz y John se casarán el día navidad, antes de la llegada de los invitados y, cuando estos lleguen, encontrarán a la “familia de Liz” en la hermosa cabaña en Connecticut.

Como la película es una comedia, el casamiento de Liz, en lugar de ser la solución a su problema, se transforma en una verdadera pesadilla con la que el espectador se divierte a lo grande, gracias a los encuentros y desencuentros –muy bien pensados- de los personajes y a los mal entendidos de los mismos.

Después que los “novios” llegan a la cabaña, Elizabeth descubre que Nora, la empleada de John, cuida al bebé de una vecina mientras ésta va a trabajar. Ese “bebé”, milagrosamente, se transforma en “su hijo”. El hijo que Yardley tanto quiere conocer. El problema es que Elizabeth no sabe ni siquiera el sexo del bebé y, peor aún, como cuidarlo. Cuando Jeff llega a la cabaña, le cuenta a Elizabeth que ha leído todo lo que ella ha escrito y tiene muchas ganas de verla cuidando al bebé. Elizabeth no sabe qué hacer. Sus muecas de desesperación, sus palabras cortadas, sus frases sin sentido es todo lo que le queda.

Jeff quiere ver cómo Elizabeth cuida a su hijo
Elizabeth descubre que su hijo es una niña
Cuando el bebé se pone a llorar, Liz dice que “debe ser hora de algo” y se angustia, no porque no sepa por qué llora el bebé, sino porque no sabe qué hacer frente a Jeff. Cuando éste le pregunta por el nombre de su hijo, Liz dice que se llama “Robert”, sin darse cuenta que el bebé es una niña.

En fin, la escena de Elizabeth cuidando al bebé es muy divertida y es el preámbulo de todo lo que sucederá después.

Pero empezamos adelantándonos. Retrocedamos un poquito.

Cuando Elizabeth y John están listas para casarse en la cabaña antes de la llegada de los invitados, Jeff llega antes de la hora prevista. Para desesperación de todos, al Juez tienen que esconderlo y no le pueden dar ninguna explicación de por qué ya no se pueden casar. Sin embargo, lo más importante es que Elizabeth, al abrir la puerta y ver a Jeff, se enamora de él a primera vista. Lo mismo le sucede él. Felix presencia la escena y no no consigue controlar su felicidad al ver lo que le pasa a Liz. A partir de ese momento, hará de todo para que Liz y John no se casen.

Amor a primera vista
Durante todo el día, Liz y John tratan de casarse una y otra vez, pero siempre hay algo que les impide hacerlo; sin embargo, Liz ya no se esfuerza en querer casarse; al contrario, trata de estar todo el tiempo posible con Jeff. Por ejemplo, por la noche, después de la cena, cuando todos se han ido a dormir, llega el juez para intentar casarlos una vez más y Liz, en lugar de ir a buscar a los testigos, va a la cocina porque ha escuchado las voces de Jeff y Yardley. Y lo hace con el solo objetivo de demorarse y obligar a que el juez se vaya nuevamente.

Elizabeth y Jeff
Y es aquí cuando se da una de las tres situaciones más divertidas de la película:

En uno de sus tantos artículos, Elizabeth había escrito que ella todas las noches llevaba a una vaca al establo y la hacía dormir. Jeff, al ver a Liz en la cocina, le pide que le muestre cómo lo hace. Como es lógico, Liz no tiene idea de qué hacer con la vaca y se sorprendo con todo; por suerte para ella, la vaca se va sola al establo y Liz simplemente debe acompañarla. Al salir del establo, Jeff cierra la puerta con mucha fuerza y toda la nieve que estaba en el techo les cae a ella y a Jeff. Ambos caen en el suelo con la nieve cubriéndolos por completo. John, al verlos, corre a preguntarle a Liz si está bien. Ella, al ver que está tumbada en el suelo, al lado de Jeff, le dice a John que todo está perfecto, y sin esconder su felicidad, le abraza a Jeff. La imagen se oscurece y el espectador ve solo el rostro de felicidad total de Liz. Alegría y humor con gestos pequeños y sencillos.
Jeff, Elizabeth y John
Felix, al ver desde lejos lo que sucede, no puede dejar de hacer su comentario: “Me gusta la vaca”.

De esta escena hay que destacar el hecho de la insinuación sexual, que en las películas tenía que ser velado para eludir a la censura rigurosa de la época. En un momento dado, Liz, que está parado a lado de la vaca, se agacha para recoger un pañuelo que se le había caído. Jeff, al verlas (a ella agachada y a la vaca) hace un simple comentario: “bonita pose”.

La insinuación está hecha: ¿la de Liz o la de la vaca?

Sobre este tema de la censura, vale destacar también que la película se preocupa para no “escandalizar” los valores de la época. Cuando Nora, la empleada, se imagina que Liz y John van a dormir juntos en la misma habitación sin estar casados, se escandaliza y hace sus maletas para abandonar la casa, porque la “decencia de ella” no le permite estar bajo el mismo techo de dos “pecadores”. La solución es muy sencilla: Liz dice que no iba a dormir con John y que ambos se van a casar esa misma noche.

Nora se tranquiliza, continúa en su trabajo y los “valores” de la época se salvan; a pesar de eso, la forma en que se los presenta no deja de ser cómico y ese es uno de los triunfos de esta y muchas otras películas de ese tiempo.

La segunda situación extremamente cómica es la “transformación” de la “hija” de Liz en “hijo”.
¿Cómo explicar la transformación de su hija morena en hijo rubio?
 Al día siguiente, otra mujer lleva a su hijo, varón, para que Nora lo cuide; mientras tanto, la madre de la “hija” de Elizabeth, como ese día no trabaja, se queda en su casa con su hija. La sorpresa es tremenda cuando no hay palabras para explicar cómo la hija es ahora hijo, rubio, tiene dientes y sabe hablar. Elizabeth se aprovecha muy bien de la confusión de Yardley para salir del paso con la ayuda de Félix, quien inventa un problema de lo más absurdo para desviar la atención de todos.

Al mismo tiempo, Yardely quiere ver a Liz cocinando; el problema, como alguien ha dicho ya en la película, es que Elizabeth “cocina mejor en la máquina de escribir

Y la tercera situación que llevará al desenlace de la película es cuando todos van a un baile en la ciudad en la que la presencia de Jeff es muy esperada, pues se trata de un héroe de guerra.
Jeff y Elizabeth paseando en el carruaje
 Después de que Jeff ha bailado todo el tiempo con Elizabeth, ambos salen a caminar tranquilamente y entran en un carruaje que está estacionado. El caballo se pone a caminar automáticamente y luego ambos son acusados de haber robado el carruaje. Cuando Elizabeth sabe que les van a llevar a la comisaría bajo el cargo de robo, ella se queda feliz solo de imaginarse que va a estar un par de horas más con Jeff y ella misma entra rápidamente al automóvil para que los lleven presos.
Elizabeth: feliz porque le llevan presa junto con Jeff
El resto y los intermedios de Christmas in Connecticut no los vamos a contar, pero esta es una película que hay que verla por muchas razones: la actuación espléndida de Barbara Stanwyck, una gran actriz de la época de oro del cine estadounidense; una comedia con un buen guión que divierte porque su objetivo es divertir; además, la película, a pesar de sus 101 minutos, es rápida, con una buena fotografía y deja una sensación de no solo haber pasado un buen momento, sino de que este no debía terminar.

Para quienes no conocen esta obra, fue lanzada en DVD en los Estados Unidos en 2005.

Texto original de Patricio Trujillo O

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