O filme que assistimos...

Você encontrará neste espaço comentários e analises de filmes de todas as épocas. Uma excelente oportunidade para aprender além do cinema.

Patricio Miguel Trujillo Ortega


28 de fevereiro de 2015

Der heilige berg (La montaña sagrada)



Der heilige berg (La montaña sagrada). Drama. 1926. 105 minutos. Austria.

Con Leni Riefenstahl.

Dirección de Arnold Fanck.

La montaña sagrada cuenta la trágica historia de un triángulo amoroso entre Diotima, un alpinista y Vigo, otro alpinista. Sin embargo, esta película es mucho más que un drama amoroso de la época del cine mudo alemán: es un drama lírico que conjuga la belleza y el peligro de la naturaleza con una historia emotiva de amor, de fidelidad y pasión por la vida.

Sin embargo, La montaña sagrada nunca llegó a tener un gran éxito, a pesar de la calidad cinematográfica con la que fue hecha para los patrones de la época. Además, es común leer hoy en los comentarios sobre esta película en Internet análisis superficiales y, en la mayoría de los casos, reproducciones de lo que alguien dijo, con ligeros cambios para dar un “toque” de originalidad.

No podemos decir que esta película alemana sea una de las mejores de la época; pero hay que reconocer los méritos que tiene y con un análisis más profundo, encontramos elementos que nos sorprenden. Por otro lado, sabemos que muchas críticas responden a la “moda” y el espectador del siglo XXI debe abrir su pensamiento al analizar una obra de hace casi cien años: no puede verla solo con los ojos de hoy: se debe ir al pasado.
La montaña mágica (1926)
La montaña sagrada de Arnold Franck transcurre en los Alpes y es una experiencia inolvidable desde el punto de vista fotográfico, gracias al trabajo perfeccionista del director que, entre otros aspectos, prefería filmar al aire libre, en el lugar exacto de los hechos, en vez de hacerlo en un estudio, que era lo habitual en aquella época.

La historia.-

Diiotima y Karl

Diotima es una bailarina famosa que acaba de regresar a su ciudad, en los Alpes, después de muchos años de ausencia, donde va a presentar su espectáculo artístico. Después de la presentación, a la salida del teatro, ella conoce a un joven alpinista, Vigo, que se enamora de ella; sin embargo, no se establece entre ambos ninguna relación, principalmente porque ella lo considera un “niño”; por eso, lo único que hay es el “amor platónico” del joven por Diotima, que además de ser bella, es una persona alegre y espontánea, lo que le da al joven alpinista la falsa esperanza del amor de la bailarina.
La presentación de Diotima
Sin embargo, Diotima conoce a Karl, un maestro del alpinismo, que es amigo del joven Vigo. Ambos se enamoran y se establece entre ellos una verdadera relación de amor y compromiso. Pero, así como Diotima tiene la pasión por el baile, Karl es seducido por las montañas y el peligro de escalar las más peligrosas. Por eso, él se pone el desafío de subir solo una de las montañas más difíciles y, a su regreso, espera poder casarse con Diotima quien, al mismo tiempo, lo espero para bailar para él su famoso “Himno de la alegría”
Diotima y el Himno de la alegría
No obstante, mientras Karl realiza su viaje, en la ciudad hay una competición de esquí y uno de los deportistas favoritos es el joven Vigo. Diotima que es una de las espectadoras, reconoce a su joven amigo y, de una manera fraternal e ingenua, dulce y cariñosa, le apoya de todas las maneras posibles. Debido a esto, Vigo piensa que Diotima está enamorada de él y, cuando le visita a la madre de Karl, le cuenta lo que le sucede.
Karl y Diotima
El drama.-

Hasta este momento, para los espectadores del siglo XXI, La montaña sagrada parece que no ofrece nada que no se haya visto en muchas películas posteriores sobre un triángulo amoroso, y más aún porque su ritmo es lento, ya que el director se preocupa por mostrar más el escenario natural que en la historia de amor propiamente dicha, pues la naturaleza, indomable e imprevisible es el verdadero personaje. Eso no significa que los personajes sean pobres; al contrario, estos se conjugan con los elementos de la naturaleza y por eso hay un constante juego de primeros planos de los personajes con las escenas de la naturaleza.
Karl llega y Vigo se arrodilla frente a Diotima
Por tanto, el mérito de la película radica en la conjugación de este personaje, la naturaleza, con los demás, para la construcción del drama posterior que se da al regreso de Karl. Él pretende sorprender a Diotima pero es él quien se sorprende al verla sentada y, a sus pies, a un joven que apoya su cabeza en la falda de la bailarina.
 
Vigo y Diotima
Karl no sabe que es su amigo Vigo que está con Diotima y, al mismo tiempo, Vigo no sabe nada de la relación entre Karl y la bailarina. Por este motivo, Karl tiene el impulso de escalar el lado norte del Santo, uno de los lados más difíciles de esa montaña, como una forma de escapar, pues se siente traicionado. Por eso, le invita a Vigo a que le acompañe en la escalada. Este acepta, aunque a regañadientes, pues sabe lo peligroso que es subir la montaña, y más aún con el mal tiempo que se avecina.
 
Karl y Vigo subre el Lado norte del Santo
Karl sostiene con fuerza para que Vigo no se caiga en el precipicio
Cuando están en la montaña, con el mal tiempo que no les permite avanzar más, Karl y Vigo se cuentan sus dolores y alegrías, respectivamente. Al escuchar lo que le dice Vigo sobre Diotima, Karl se enfurece y con un movimiento brusco provoca la caída de su amigo al precipicio. Por suerte, Vigo está amarrado con una soga y Karl se esfuerza durante toda la noche para no dejarlo caer, mientras el viento frío y congelante les azota a ambos.

Los méritos de “La montaña sagrada”.-

La filmación de La montaña sagrada duró 18 meses y la importancia de esta película en la historia, no solo del cine alemán mudo, se debe a cómo se la realizó. No es, como dijimos anteriormente, simplemente una historia más de un triángulo amoroso, sino una historia de las pasiones del ser humano y, principalmente, la de la propia naturaleza.
 
La montaña sagrada
Las escenas de la película fueron filmadas en medio de la naturaleza: en las montañas, en los precipicios, en las pistas de esquí, en la playa, etc., porque a Arnold Franck no le gustaba filmar en estudio. Podemos, entonces, comprender lo difícil que fue hacer esta película con las limitaciones técnicas de la época y los problemas climáticos, muchas veces inesperados, que el director supo aprovecharlos para incorporarlos de la mejor manera a la película, que es sensacional en lo que se refiere a la dirección fotográfica.
La montaña sagrada
Escenas claves.-

Podemos destacar algunas escenas claves a lo largo de La montaña sagrada.

La primera son los cinco minutos iniciales en los que Leni Riefenstahl (Diotima) baila La danza a la orilla del mar con una excelente sincronización entre sus movimientos y las olas del mar. Este baile, Diotima lo hace para el hombre de las montañas (Karl), a quien solo lo ha visto en sueños y espera que se enamore de ella. En esta escena prevalecen los primeros planos de Diotima, el baile, presentado muchas veces en sombras, y tomas de la fuerza del mar: la fuerza de la naturaleza que no puede ser domada y la pasión de la bailarina por su arte.
Diotima
Diotima
La danza a la orilla del mar
La danza a la orilla del mar
El hombre de las montañas
Otra escena importante es la indiferencia del público al pedido de Diotima. Mientras ella baila su Himno de la alegría, sin saber que Karl se ha escapado con Vigo, su espectáculo es interrumpido y le comunican al público que el maestro del alpinismo está perdido. Se pide la ayuda del público para ir al refugio de la montaña donde están otros alpinistas para organizar la búsqueda. Sin embargo, nadie se ofrece. La escena es dura y los primeros planos de Diotima con los planos generales del público ofrecen el contraste del amor y la pasión de la bailarina por su arte y por Karl, frente a la indiferencia y al egoísmo del público, que no se atreve a mirar a los ojos de Diotima.

Las escenas que siguen a la respuesta indiferente del público, forman, en sí otro de los momentos claves de La montaña sagrada, tanto por el drama que vive Ditima como por la calidad fotográfica que muestra el sufrimiento y el amor de la bailarina.

Diotima abandona el teatro y camina por las calles de la ciudad, y luego por la montaña, para llegar al refugio donde están los alpinistas que les pueden rescatar a Karl y a Vigo. Debido al mal tiempo, ella para por momentos difíciles, pues Arnold Franck hizo hincapié en filmar el sufrimiento de la artista en medio de la furia de la naturaleza. Se le ve a Diotima caminar en medio de la tempestad que cae con toda la fuerza; hundirse en la nieve y, más aún, todas las veces en que se cae y es enterrada por un alud. Hay que resaltar que estas escenas, que duran unos diez minutos, no son trucos fotográficos y para lograr su objetivo, el director usa, principalmente, el plano general y el primer plano.
 
Un alud cae en Leni Riefenstahl filma La montaña sagrada
Diotima sale después de haber sido enterrada en la nieve
La tempestad no le detiene a Diotima: no hay trucos fotográficos
Otro momento digno para la época, es la secuencia de la competición de esquí, algo muy difícil de hacerlo, pues fue filmada en una pista auténtica de esquí y las imágenes, una vez más, no son trucos fotográficos. Podemos imaginarse la hazaña de desliarse por la montaña con cámaras grandes, fijas y pesadas. Durante varios minutos, el espectador participa en la competición gracias al gran despliegue de cámaras; los ángulos de las tomas y lugares que son filmados. Para el espectador contemporáneo, algo difícil de creerlo, puesto que ahora casi todo se hace con un fondo verde de pantalla y después, con la magia de la computadora.

Y no podemos dejar de pasar la escena histórica de Karl y Vigo en la montaña. El esfuerzo sobrehumano que hace Karl, que está congelándose, para evitar que su amigo muera, a pesar de que él está dominado por la rabia y los celos.

Palabras finales.-
 
Diotima y la danza a la orilla del mar
La montaña sagrada es una trágica historia de amor que camina por tres senderos (el amor por las montañas, la danza y la relación de pareja) que se unen en un mismo punto de partida: Diotima, que representa la pasión por la vida.

Texto original de Patricio Miguel Trujillo Ortega.
Está prohibida la reproducción total o parcial sin la autorización escrita del autor.

31 de janeiro de 2015

A Thousand Years of Good Prayers - Mil años de oración



A Thousand Years of Good Prayers (Mil años de oración). Drama. 2007. 83 minutos. Estados Unidos-China.

Con Henry O, Faye Yu.

Dirección de Wayne Wang.

Mil años de oración es una película profunda y sensible que habla de la soledad, del perdón y la diferencia generacional entre padres e hijos. El cineasta Wayne Wang consigue realizar de una manera sencilla, pero con una gran fotografía (de Patrick Lindenmaier), un buen juego de silencios y banda sonora apropiada, con un ritmo lento y dinámico al mismo tiempo, una obra de calidad que nos conmueve no solo por la historia en sí, sino porque sus personajes están bien construidos.

La idea principal de la película la podemos resumir en un párrafo: El Sr. Shi acaba de llegar a los Estados Unidos desde China para visitar a su hija, Yilan, que vive ahí desde hace 12 años. Ella está divorciada y, mientras su exmarido ha regresado a China, Yilan se ha adaptado a las costumbres de su nueva nación. El Sr. Shi desea conocer el país donde su hija es feliz; sin embargo, él cree que ella está triste y se esfuerza por intentar comprender lo que le sucede a Yilan; no obstante, la hija se siente incómoda con la presencia del padre en su casa. De esta manera, el reencuentro, en lugar de ser afectuoso y positivo, se transforma en un tiempo de reflexión y de soledad.

Ahora debemos ir más allá de esta idea principal pues se han planteado otras: la relación padre-hija, la soledad, la nueva cultura, el perdón y el futuro.
 
Mil años de oración - Yilan
Mil años de oración es una película triste, aunque no es dramática ni melodramática. Es triste porque Wayne Wang consigue transmitir el sufrimiento de la relación padre-hija mientras el primero intenta reconstruir una historia de amor que no funcionó por diversas razones en el pasado; al mismo tiempo, hay una segunda historia, la del Sr. Shi y Madam: un esfuerzo para construir un puente de amistad y solidaridad cuando parece que ya no hay esperanzas para ellos.

Pero vayamos por partes.

Primero hay que entender que los personajes no pertenecen a la cultura occidental; entonces, sus actitudes no corresponden a las que nosotros estamos acostumbrados, principalmente si somos latinoamericanos. De esta forma, vemos la ausencia de contacto físico entre el Sr. Shi y Yilan, desde el primer momento en que ambos se encuentran en el aeropuerto. No obstante, lo que más percibimos más allá del aspecto físico es que hay un vacío en la relación padre-hija. El Sr. Shi reconoce que él fue un mal padre, pero desea aprovechar esta oportunidad que tiene, no para recuperar el tiempo perdido, sino para construir una nueva relación con su hija, ahora adulta; sin embargo, ella lo rechaza. Al principio lo hace con actitudes de un silencio incómodo que se establece entre ambos; luego lo hace ausentándose de la casa para, simplemente no estar con su padre; y, finalmente, al final tiene consigue preguntarle cuánto tiempo él pretende quedarse en la casa de ella.
Mil años de oración - Yilan y el Sr. Shi en el aeropuerto
A pesar de los esfuerzos de su padre, Yilan no quiere ese reencuentro. Ella tiene un resentimiento muy fuerte y utiliza las “costumbres americanas” como un pretexto para mantenerse alejada del padre quien intenta recrear un ambiente cultural con el que ambos se identifiquen: el lenguaje y la comida. En relación al primero, él tiene dificultades para hablar inglés y Yilan, aunque habla chino, ha aprendido a expresarse mejor con el inglés. Ella dice que “cuando se habla otra lengua se es otra persona; es más fácil expresar los sentimientos”. De esta manera, ella justifica su silencio constante y su incapacidad de transmitir sus emociones con su padre, lo que provoca la angustia de este, no porque se sienta solo, sino porque está convencido de que su hija no es feliz y, por tanto, quiere hacer todo lo posible para intentar comprenderla y ayudarla.
Mil años de oración
El otro elemento es la comida. El Sr. Shi empieza a cocinar para su hija, aunque esta no quiere que él lo haga. El padre tiene la necesidad de hacer la comida en el estilo de su cultura y no comprende la “necedad” de Yilan de no aceptarlo. Ella prefiere desayunar fuera de casa y llevarse en una bolsa de papel un refrigerio para tomarlo en medio del camino. Y cuando no tiene otra opción, prefiere permanecer en silencio, sin ocultar que no está satisfecha con lo que hace su padre.

La relación entre ambos se la puede resumir en las palabras que le dice el padre a su hija: “si todos los hijos se comportaran correctamente con sus padres, perderíamos la mitad de la literatura china tradicional”. De esta manera, el padre reconoce que hay ese abismo generacional, que no es un problema exclusivo de él y de su hija; no obstante, él desea “redimirse”. Se esfuerza por respetar las “nuevas costumbres” de su hija, aunque no las entiende.

Y aquí entramos en un elemento que Wayne Wang nos lo presenta con un poco de humor: la asimilación de las nuevas costumbres. Wang lo hace a través del Sr. Shi y las reacciones que él tiene conforme los diferentes aspectos culturales se le presentan.
 
El Sr. Shi
Como el Sr. Shi permanece casi todo el día solo, no hay nadie que le explique esa cultura nueva. El humor que surge es delicado, lo que ayuda a disminuir la tensión de la soledad que le rodea al padre. Podemos citar algunos ejemplos de estos choques culturales. 1) El Sr. Shi no comprende cómo su hija puede tener la suscripción de un periódico si nunca lo lee. 2) Al conversar con una joven que está en biquini, él no se atreve a mirarla directamente y, aunque la muchacha trata de ser simpática y comunicativa, el Sr. Shi se aleja porque se siente incómodo con la situación. 3) Una de las escenas más graciosas es cuando dos jóvenes mormones lo visitan y tratan de convencerlo de sus ideas religiosas. Ya que la lengua es una dificultad, la comunicación sufre algunas complicaciones y el Sr. Shi traza un paralelismo entre Marx y Engles con Joseph Smith, el profeta de esa secta.

El Sr. Shi y la chica de la piscina
Los mormones y el Sr. Shi
Uno de los momentos más bellos de Mil años de oración es la amistad que nace entre dos personas extranjeras que, aunque apenas hablan inglés, consiguen comunicarse y, por qué no decirlo, alimentar un poco la esperanza en medio de la soledad que les rodea a ambos.

En un parque al que va a pasear algunos días, el Sr. Shi conoce a Madam, una mujer iraní que vive en la casa de su hijo que está casado. Aunque ambos tienen dificultades para conversar con el inglés rústico que hablan, ellos consiguen comunicarse, ser amigos y, principalmente, escucharse mutuamente. Madam es una mujer más expresiva que el Sr. Shi y muestra una alegría, a pesar de que hay un dolor profundo en su vida. Un dolor que se le revelará al espectador a su debido tiempo y nos deja una marca profunda en el tema central de la película: la diferencia generacional, la soledad, la ingratitud y la pérdida. No obstante, los diálogos del Sr. Shi y Madam son alegres, positivos: una luz en medio del desconcierto.
El Sr. Shi y Madam
Antes de finalizar, queremos mencionar una de las escenas más impactantes de Mil años de oración que sucede casi al final de la película. El Sr. Shi está en el dormitorio, sentado al pie de la cama y su hija está en la sala. La cámara permanece parada mientras el Sr. Shi le cuenta a su hija la historia de él, de su esposa, de su trabajo, de cómo perdió el prestigio en su trabajo, de los chismes que contaban de él. Es una confesión tardía a través de la cual él dice que comprende las actitudes actuales de su hija. Yilan escucha la historia mientras recoge sus objetos personales antes de irse a trabajar. Por un momento se sienta en el sofá y luego se levanta y se va, mientras su padre continúa hablando, solo, literalmente. La escena es triste en sí porque se siente y se ve el peso de los años y del abismo entre padre e hija que parece que nunca va a ser superado.
Mil años de oración
Mil años de oración es una película que, como dijimos al principio, está hecha de manera sencilla, pero profunda. No hay desperdicio de imágenes ni de situaciones; cada una de las piezas se encaja naturalmente. Y uno de los aspectos importantes, es que no es una película moralista. La historia es narrada de manera objetiva y el espectador es libre para optar por una opinión.

Finalmente, para entender el título del film, hay que recordar que este se refiere a una frase de la cultura china que habla del tiempo que debe pasar para que dos personas puedan vivir juntos, en harmonía.

Texto original de Patricio Miguel Trujillo Ortega.

Está prohibida la reproducción total o parcial del texto sin la autorización escrita del autor.

31 de dezembro de 2014

Groβe mädchen weinen nicht – Big Girls don’t cry - Las niñas grandes no lloran



Groβe mädchen weinen nicht – Big Girls don’t cry - Las niñas grandes no lloran.  Drama. 2002. 91 minutos. Alemania.

Con Ana Maria Mühe, Karoline Herfurth, Josefine Domes.

Dirección de Maria von Heland.

“A veces, todo apesta pero hay que seguir adelante”

La vida de los adolescentes no es tan fácil como parece y, tarde o temprano, ellos intentan solucionar todos los problemas que tienen; solo que no se puede solucionar todo; no obstante, cuando se llega a esta verdad, muchas cosas buenas y malas se han quedado en el camino. Algunas solucionadas, y otras, más complicadas aún de lo que estaban al principio.

Y frente a esta realidad de la vida, prácticamente no se puede hacer nada: cada uno aprende a partir de sus experiencias.

Las niñas grandes no lloran (Big Grils don’t cry) es una excelente película alemana que retrata, justamente, esta dificultad de ser adolescente. Aunque este no es un tema novedoso, la holandesa Maria von Heland, que escribió y dirigió la película, consigue, no solo ser original, sino crear una obra de calidad con personajes reales, bien diseñados, evitando estereotipos y moralismos, ubicados en una Berlín contemporánea, aún con sus diferencias pos unificación, que impactan porque muestran la ambigüedad que representa el mundo juvenil: la dureza y la falsa seguridad frente a la fragilidad de la vida.
Steffi y Kati

Las niñas grandes no lloran es más que un drama de adolescentes y/o de adultos: es una obra en la que se conjugan los miedos, las carencias afectivas, los sueños, la rebeldía, la madurez: elementos que se unen en un mundo explosivo que, sin control, puede provocar pérdidas irreparables.

De la alegría a la rebeldía.-

Kati y Steffi son dos adolescentes de 17 años que son inseparables desde cuando se conocieron, a los 4 o 5 años de edad. Estudian en la misma escuela, en la misma clase, salen juntas a divertirse y básicamente sus conflictos de adolescentes son los mismos: son jóvenes, les interesan los chicos, las fiestas y la sexualidad está a flor de piel. Esta última retratada desde los primeros minutos, cuando ambas están escondidas, espiando a los chicos del colegio que se bañan desnudos en el vestuario masculino, y ambas comentan qué es lo que más les agrada de lo que ven. Y más específicamente en el hábito de Kati de fumar mucho, porque cree que cuanto más lo hace, sus senos, que son grandes, crecerán menos.


En la escuela, ambas chicas son atrevidas con la autoridad, representada en el profesor, a quien lo desafía con la mirada, el tono de voz y la arrogancia. En los primeros minutos, un profesor, que está explicando la materia, le llama la atención a Steffi porque está conversando y le pregunta de qué está hablando con su compañera. Ella, de manera mordaz responde en pocas palabras: “de sexo”. Y en esa misma clase, cuando el profesor le pide a Kati que se cambie de lugar para que no converse con su amiga, y como ella no quiere hacerle caso, él le dice: “o lo haces, o te vas de clase”. Sin pensar dos veces, Kati se levanta, coge sus cigarrillos y se dirige hacia la puerta.

En sus respectivos hogares, la vida familiar de ambas muchachas va por caminos diferentes. La madre de Kati es una mujer religiosa, conservadora, impaciente e intolerante con las actitudes de su hija. No le gusta que ella se maquille, use ropas pequeñas y que regrese a altas hora de la noche. Tiene miedo de lo que le pueda pasar algo malo a su hija. Pero ella no controla sus preocupaciones y pierde la calma con facilidad. “Pareces una ramera” le dice cuando la ve maquillada y la puerta para el diálogo “madre-hija” está cerrada. El comportamiento de la madre es casi histérico porque quiere tener el control total del hogar, mas no consigue hacerlo. Hay dos escenas, una cómica y otra dramática que muestran esta situación.
Kati y su familia
En la primera, Kati se pone a rezar con su hermana menor mientras se escuchan los gritos histéricos de sus padres que están peleando. La oración termina: “ y haz que se divorcien lo más rápido posible”. La otra situación es cuando la madre le quita a Kati todas sus ropas “indecentes”, incluso las que usa ese momento, a la fuerza, porque cree que de esa manera la está protegiendo “del mundo”.

Mientras tanto, el hogar de Steffi parece ser “normal” y feliz. El ambiente que se respira en esa casa parece ser de gran armonía, con una hija que se relaciona con naturalidad y espontaneidad con sus padres que, al mismo tiempo, tienen una buena relación entre ellos.
 
Steffi y su madre
Hasta aquí parece que nos encontramos con una historia común de adolescentes y los dramas cotidianos a los que estos deben enfrentarse; y más aún, porque Maria von Heland  empieza la película con una escena con la que parece decirnos precisamente eso: mientras aparecen en la pantalla los créditos iniciales, vemos a dos jóvenes que saltan en una cama elástica felices de la vida. Ellas son alegres, no tienen preocupaciones y parece que la vida es eso. La escena es demorada, con un bello juego de colores oscuros, en los que predominan muchas veces las sombras.

Sin embargo, Maria von Heland le engaña al espectador: esa felicidad es más frágil de la que uno puede imaginarse.

De la ira al descontrol total.-

Las niñas grandes no lloran da un giro drástico cuando las dos amigas ven al padre de Steffi en una discoteca, abrazando y besando de manera exagerada a una mujer que no es su esposa.
El padre de Steffi y su amante, Jeanette
Steffi se siente traicionada y nace en ella un deseo de venganza. Si ella ya era rebelde por la edad, ahora sus emociones cobran una fuerza inesperada y la ira que tiene hace que quiera vengarse no solo de su padre, sino también de la amante de esta. Y al querer vengarse, pierde la noción de sus acciones, se deja dominar por las emociones descontroladas y su rabia cae en la hija de la amante de su padre, Tessa, una joven que aspira a ser cantante.

A pesar de que Kati le aconseja a no hacerlo, Steffi le trata a Tessa como si ella fuera la culpable del fracaso matrimonial de sus padres. De esta manera, no le importa lo que le pueda pasar a Tessa y la envía a la “boca del león”. La actitud de Steffi es de pura maldad y no se arrepiente, incluso cuando se entera de que Tessa hubiera podido ser violada y asesinada.
Kati, Steffi y Tessa
Además, Steffi se pierde en los laberintos de un mundo nocturno donde no hay noción de valores, responsabilidades y límites sociales y humanos. Ella se desmorona hasta llegar a las últimas consecuencias.

Aquí es interesante mencionar cómo la escena inicial de la película nos engaña como espectadores. Decíamos al principio que dicha escena nos daba la idea de que Las niñas grandes no lloran sería una película superficial. En medio de la historia, después que Steffi piensa que ha cumplido su venganza, la vemos a ella y a su amiga Kati viendo una película de cuando ambas eran niñas, muy pequeñas. Una época de amor total e inocencia pura. Solo ellas y el espectador sabe lo que realmente está sucediendo, porque inmediatamente viene la dura realidad, la separación de sus padres y cómo ella pierde la dignidad humana y el sentido de la vida. Ella se arrastra hasta que la última fuerza se le agota.
Tessa: de inocente a víctima

Steffi ya no es una “ángel”, como su padre solía decirle. Steffi le grita a este: “no me llames ángel” cuando descubre que esa misma palabra la utilizaba para hablar con Tessa, su enemiga natural, aunque ella nunca le haya hecho nada malo. Con esta expresión, se rompe la confianza y termina el amor dulce e infantil; al mismo tiempo, es el inicio de la separación del mundo del adulto porque cuando Steffi cae, sus padres, justamente aquellos que deberían estar a su lado, no saben nada de ella porque ellos, también como adultos, no han madurado como deberían haberlo hecho.

Kati y Steffi
De esta manera, al presenciar el drama de la joven de diecisiete años, hay una crítica implícita sobre la irresponsabilidad de los adultos y la participación de estos en la construcción del carácter de los jóvenes.

Las escenas de la decadencia de Steffi son fuertes, no porque la película sea explícita (se la ve consumir alcohol, drogarse, arrastrarse por el suelo, en relaciones sexuales –insinuaciones) sino porque se muestra con realismo cómo una joven que, aparentemente tiene todo a su favor, pierde la vida en un instante y no se puede hacer nada para ayudarla, principalmente porque ella misma no quiere ser ayudada.
 
Las niñas grandes no lloran: Kati
La trascendencia de Yvonne.-

Yvonne es uno de los personajes secundarios que cumple un papel importante en Las niñas grandes no lloran a pesar de que su participación es mínima; sin embargo, su presencia es el punto de partida para presentar algunos de los principales problemas.

Yvonne es compañero de clases de Kati y Steffi y tiene fama de ser una mujer “fácil” con los muchachos de la escuela. Ella decide irse a París para escapar de su casa, porque dice que su padre la maltrata con violencia y su madre no hace nada para defenderla. Para conseguir dinero, Ella va a filmar un video pornográfico con un hombre. Lo único que tiene que hacer es desnudarse y dejar que la filme. Pero el problema es que ella desaparece y la policía empieza a buscarla. Nadie sabe nada de ella, con excepción de Steffi, que sabe el secreto porque la propia Yvonne le contó.
Kati y su obsesión por fumar

Steffi y Carlos
La desaparición de Yvonne abre a la discusión diversos puntos de vista. Los mencionamos de manera aleatoria, sin decir que uno sea más importante que otro. Por un lado está la violencia familiar. No se sabe si realmente Yvonne sufre dicha violencia, pues no hay elementos que confirmen la autenticidad de sus palabras. Por otro lado está la “mala fama” de la chica y la actitud cruel con la que los jóvenes adolescentes se comportan cuando quieren perjudicar a alguien. O, lo que es peor aún, sin querer ser moralistas, la indiferencia que ellos muestran cuando la policía empieza a buscarla y va a la escuela para intentar descubrir si alguien sabe algo de ella. Además, aunque no es un tema que se lo trata directamente, está implícita la cuestión de la pornografía y la red que atrapa a las jóvenes –ingenuas o no-  que simplemente intentan o escapar de sus problemas o ganar dinero con facilidad.
Tessa y Carlos
Aunque no la hemos mencionado mucho, Kati es el personaje que lleva el peso de la película. En ella está la “obligación” de mantener el equilibrio en ese mundo que no lo puede controlar; ese mundo que “apesta” y que está cayéndose a pedazos. Por un lado, como ya lo mencionamos, está su familia desequilibrada; por otro lado, sus propios problemas, primero con la traición de su enamorado, Jochen y luego con el descubrimiento de nuevas posibilidades cuando conoce a Kalus, un joven fotógrafo del cual se enamora. Y no podemos dejar de lado el papel que cumple en la venganza de Steffi contra Tessa.
Kati conoce al fotógrafo Klaus
La venganza no tiene retorno
Kati es un personaje fascinante no porque sea la “sensata” de la película mientras que su amiga Steffi “se pierde”, lo que nos daría la falsa impresión de que Las niñas grandes no lloran es el contraste de opuestos moralistas, sino porque a pesar de que vive en un mundo conflictivo, y participa en la decadencia de su amiga, encuentra fuerzas, en ella misma, para intentar salir adelante e impulsar la reconstrucción de su amiga.
Steffi, su padre y Carlos
Las niñas grandes no lloran

Este drama de Maria von Heland no es una obra moralista ni un drama más de adolescentes contemporáneos. Es una película que habla de la madurez de la adolescencia, de las creencias y de las dudas; retrata con bastante fidelidad el drama de nuestra sociedad en lo que los “límites” parecen desaparecer.

Técnicamente la película está bien hecha. El guion es dinámico; los diálogos son ágiles y la fotografía es buena. La historia está contada de manera lineal y los personajes, como dijimos anteriormente, son reales y creíbles con la actuación impecable de Ana Maria Mühe y Karoline Herfurth que continuarían teniendo éxito en el cine alemán.

Texto original de Patricio Miguel Trujillo Ortega.

Está prohibida la reproducción total o parcial del texto sin la autorización escrita del autor.